Con el cambio de plan esperábamos que hubiera una remodelación real de los estudios de Bellas Artes, que se actualizaran las materias y el enfoque (seguíamos con el plan de los 80), pero desgraciadamente parece que las cosas se están haciendo rápido, y por salir del paso nos quedamos con el mismo perro con distinto collar. Este es el nuevo plan que se está implantando en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla y éste era el plan antiguo. Podemos ver cómo las asignaturas son prácticamente las mismas, puede que los nombres hayan cambiado pero tengo la certeza de que las materias siguen siendo las mismas. Me sorprende la poquísima presencia que tiene el diseño, cuando en realidad en mi opinión lo que habría que hacer es crear otro grado sólo de diseño, como el que se ha creado de restauración, para atender a las demandas reales de los estudiantes, que a menudo realizan aquí los primeros cursos para acabar la especialidad de diseño fuera, por la falta de oferta de asignaturas de esa rama en nuestra facultad. Por otro lado vemos que se mantiene un curriculum cerrado con asignaturas obligatorias hasta tercer curso, entre las cuales podemos ver que prácticamente son: dibujo, pintura y escultura. No cuento más de tres asignaturas cuatrimestrales teóricas. Javi nos preguntaba, al proponernos esta entrada, si creíamos que los estudios de bellas artes deberían ser estudios universitarios. Así, desde luego, no. No existen apenas asignaturas en las que haya un ambiente de debate, de crítica y de reflexión teórica (hay algunas en las que sí, muy pocas, y hay que tener la suerte de dar con el profesor adecuado). La diferencia que encuentro entre entre nuestros estudios, y los de formación profesional es que nosotros estamos dos años más.
Sí creo que los estudios artísticos deben incluirse entre los estudios universitarios, es más, incluiría y normalizaría los estudios musicales, de arte dramático y de danza también. Esto puede tener sus pros y sus contras. Como pros, burocráticamente es más beneficioso, ya que se otorga a los egresados un título homologado y tan válido como los del resto de ramas de conocimiento y sitúa el arte como materia de estudios universitarios. Como contra, que al estar dentro del sistema universitario, la educación está sujeta a una serie de parámetros establecidos tales como evaluaciones, asignaturas, departamentos... que en el caso de los estudios artísticos pueden ser cuestionables.
En cualquier caso, el hecho de que los estudios artísticos se impartan como titulaciones universitarias no tiene por qué constituir un obstáculo para que se impartan estudios artísticos de otra índole y con otro enfoque, sino que aumenta la oferta, a la vez que los hace accesibles a todo el mundo mediante la universidad pública.
Mi propuesta para reformar el plan de estudios es muy similar a lo que ya se está haciendo en la mayoría de las universidades europeas. Cuatro cursos, un primer curso en el que el alumno tenga contacto con el mundo del arte con la mayor amplitud posible. Con asignaturas prácticas: Dibujo y pintura, Escultura e instalación, Fotografía y vídeo, Performance y Nuevos medios; y asignaturas teóricas: Historia del arte y teoría del arte. A partir de segundo, el alumno podría elegir entre un abanico de asignaturas para crear su propio curriculum. Se podrían proponer distintas ramas, pero que no fuesen cerradas, sólo de forma orientativa. También elegiría un tutor cada curso, que sería quien le guiaría de forma transversal en el desarrollo de su propio proyecto artístico, que se llevaría a la práctica mediante las diferentes asignaturas o talleres. Es importante también que el alumno disponga de un lugar de trabajo en la facultad. Esto puede parecer que está a años luz de la realidad, pero ya se está haciendo en muchas universidades europeas. El hecho de trabajar en la universidad, crear un ambiente de trabajo junto a los compañeros y los profesores es de lo más enriquecedor que podemos llevarnos de nuestro paso por la carrera. Otro tema por el que apuesta el nuevo modelo de los grados, pero que en nuestra facultad se está obviando es el trabajo en grupo. Las formas de creación y producción actuales en cualquier campo pasan por un trabajo colaborativo e interdisciplinar. Acabemos de una vez con el mito del artista solitario, encerrado en su estudio y celoso de todo.
En cuanto a las asignaturas y los profesores hay dos carencias principales que en mi opinión habría que suplir urgentemente: la teoría y la endogamia. Hace falta mucha más carga teórica, más reflexión, más historia. Y hace falta más ofertas de asignaturas, más variedad, salir de una vez por todas del dibujo, la escultura y la pintura (no digo abandonarlos, pero si enriquecerlos con otras posibilidades). Y para eso hace falta que el cuerpo de profesores sea también interdisciplinar. Para ofrecer asignaturas como: nuevos medios, videocreación, estética, dibujo técnico, diseño 3D, ilustración... hacen falta profesionales que provengan de esos campos (informática, comunicación audiovisual, filosofía, arquitectura, diseño industrial...).
En definitiva, una universidad que esté en relación con la sociedad, con los cambios y las necesidades de ésta, y con el mundo del arte contemporáneo. Una universidad en la que poder desarrollar nuestros propios proyectos, con la ayuda de profesionales. Sobre todo teniendo en cuenta que nuestra materia de estudio, el arte, como producto cultural, está en continuo cambio. A nadie se le ocurre pensar que en las facultades de ingeniería trabajen en base al modelo atómico de Thomson, ignorando todos los avances posteriores. ¿Por qué nosotros sí lo hacemos?
Sí creo que los estudios artísticos deben incluirse entre los estudios universitarios, es más, incluiría y normalizaría los estudios musicales, de arte dramático y de danza también. Esto puede tener sus pros y sus contras. Como pros, burocráticamente es más beneficioso, ya que se otorga a los egresados un título homologado y tan válido como los del resto de ramas de conocimiento y sitúa el arte como materia de estudios universitarios. Como contra, que al estar dentro del sistema universitario, la educación está sujeta a una serie de parámetros establecidos tales como evaluaciones, asignaturas, departamentos... que en el caso de los estudios artísticos pueden ser cuestionables.
En cualquier caso, el hecho de que los estudios artísticos se impartan como titulaciones universitarias no tiene por qué constituir un obstáculo para que se impartan estudios artísticos de otra índole y con otro enfoque, sino que aumenta la oferta, a la vez que los hace accesibles a todo el mundo mediante la universidad pública.
Mi propuesta para reformar el plan de estudios es muy similar a lo que ya se está haciendo en la mayoría de las universidades europeas. Cuatro cursos, un primer curso en el que el alumno tenga contacto con el mundo del arte con la mayor amplitud posible. Con asignaturas prácticas: Dibujo y pintura, Escultura e instalación, Fotografía y vídeo, Performance y Nuevos medios; y asignaturas teóricas: Historia del arte y teoría del arte. A partir de segundo, el alumno podría elegir entre un abanico de asignaturas para crear su propio curriculum. Se podrían proponer distintas ramas, pero que no fuesen cerradas, sólo de forma orientativa. También elegiría un tutor cada curso, que sería quien le guiaría de forma transversal en el desarrollo de su propio proyecto artístico, que se llevaría a la práctica mediante las diferentes asignaturas o talleres. Es importante también que el alumno disponga de un lugar de trabajo en la facultad. Esto puede parecer que está a años luz de la realidad, pero ya se está haciendo en muchas universidades europeas. El hecho de trabajar en la universidad, crear un ambiente de trabajo junto a los compañeros y los profesores es de lo más enriquecedor que podemos llevarnos de nuestro paso por la carrera. Otro tema por el que apuesta el nuevo modelo de los grados, pero que en nuestra facultad se está obviando es el trabajo en grupo. Las formas de creación y producción actuales en cualquier campo pasan por un trabajo colaborativo e interdisciplinar. Acabemos de una vez con el mito del artista solitario, encerrado en su estudio y celoso de todo.
En cuanto a las asignaturas y los profesores hay dos carencias principales que en mi opinión habría que suplir urgentemente: la teoría y la endogamia. Hace falta mucha más carga teórica, más reflexión, más historia. Y hace falta más ofertas de asignaturas, más variedad, salir de una vez por todas del dibujo, la escultura y la pintura (no digo abandonarlos, pero si enriquecerlos con otras posibilidades). Y para eso hace falta que el cuerpo de profesores sea también interdisciplinar. Para ofrecer asignaturas como: nuevos medios, videocreación, estética, dibujo técnico, diseño 3D, ilustración... hacen falta profesionales que provengan de esos campos (informática, comunicación audiovisual, filosofía, arquitectura, diseño industrial...).
En definitiva, una universidad que esté en relación con la sociedad, con los cambios y las necesidades de ésta, y con el mundo del arte contemporáneo. Una universidad en la que poder desarrollar nuestros propios proyectos, con la ayuda de profesionales. Sobre todo teniendo en cuenta que nuestra materia de estudio, el arte, como producto cultural, está en continuo cambio. A nadie se le ocurre pensar que en las facultades de ingeniería trabajen en base al modelo atómico de Thomson, ignorando todos los avances posteriores. ¿Por qué nosotros sí lo hacemos?

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