Uno de los principales problemas del sistema educativo actual es su falta de adecuación a su entorno. Estamos educando hoy a los adultos de mañana. Los estamos educando en función de los valores y conocimientos actuales, sin tener en cuenta que seguramente éstos sean muy distintos dentro de veinte o treinta años, cuando los niños de hoy tengan que desenvolverse en su contexto. Es difícil predecir esta situación, más aún en un momento en el que los cambios económicos y sociales se suceden a una velocidad a la que difícilmente podemos predecir lo que pasará en una semana, como dice el propio Ken Robinson.
No obstante vemos como en cualquier otro campo los avances teóricos que se producen se van incorporando más o menos rápidamente a la vida cotidiana, como puede ser en la tecnología, la economía o la medicina. Sin embargo, esta implementación es casi inexistente en el campo de la educación.
Nuestras escuelas se siguen basando en un modelo de la ilustración, época en la que se perseguía un pensamiento único y verdadero, y en el que el fin de la educación era la industrialización. Ahora vivimos en el momento de la globalización, la multiculturalidad y las opciones. No podemos educar en el momento de la diversidad, del dinamismo mediante un modelo de estatismo. Los resultados, y con ellos la inteligencia o la aptitud de los niños, se siguen calificando en base al pensamiento lógico-deductivo, y a la capacidad de retención de contenidos. Se busca continuamente una estandarización, la consolidación de los conocimientos dentro de materias estancas, la evaluación de los resultados de forma cuantitativa, en base a exámenes estandarizados, sin tener en cuenta las peculiaridades del contexto. En Cambiando paradigmas, Ken Robinson habla del pensamiento divergente, el pensamiento posmoderno por excelencia. Este tipo de pensamiento consiste en la capacidad de buscar distintas respuestas, de buscar distintas interpretaciones a la pregunta, de valorar distintas opciones. Es un tipo de pensamiento creativo, lateral, que va en contra de la idea de la educación de que hay una sola respuesta correcta, que hay que aprender.
Los niños, hoy en día sin duda más que nunca, están sometidos a una cantidad innumerable de estímulos (internet, videojuegos, televisión…). Pueden acceder a cualquier información que les interese en pocos segundos. Esto provoca que cada vez haya más falta de atención hacia las materias de la escuela, materias que les son ajenas y aburridas. Los niños están acostumbrados a esta multiplicidad de estímulos, de ideas. Son creativos por naturaleza, se arriesgan, no tienen miedo a equivocarse. Sin embargo en la escuela se jerarquizan las materias: lo primero y más importante las matemáticas y los idiomas, después las humanidades y por último las artes. En su conferencia Las escuelas matan la creatividad, Ken Robinson afirma que en la educación de hoy debería tener la misma importancia la creatividad que la alfabetización. Estamos obligando a los niños a que centren todos sus esfuerzos en las matemáticas y los idiomas, en desarrollar el pensamiento lógico y matemático, y menospreciando el valor que tienen los estudios artísticos en el desarrollo de otras aptitudes como la creatividad, la seguridad en sí mismo, la expresión corporal… Se están coartando las opciones de los niños, en lugar de darles la posibilidad de que desarrollen su propio talento.
