Actualmente hay una gran controversia acerca de la convivencia entre escuelas públicas y privadas y la libertad de los padres de elegir el tipo de centro, y por tanto de educación, que quieren para sus hijos. Para asegurar que esta elección sea posible para todo el mundo, en países como Suecia se lleva a cabo un sistema de bonos escolares (vouchers) que proporciona el estado y que permite afrontar los gastos escolares, ya sean privados o públicos. Los defensores de este sistema plantean que mejora la eficiencia de las escuelas, públicas y privadas, al tener que competir entre ellas por los alumnos. Los detractores afirman que al tener menos alumnos las escuelas públicas, también reduciría el gasto que se invertiría en ellas y por lo tanto se deterioraría la calidad de la educación que pueden ofrecer. El problema es que esta elección se lleva a cabo a través de la imagen que los padres tienen de unas u otras escuelas, y esta imagen está muy degradada en el caso de las escuelas públicas. A menudo podemos ver titulares como este: "Sólo cuatro institutos (públicos) entre los 50 mejores centros de la Selectividad del año 2010", en el que podemos ver que los resultados en selectividad de los alumnos de institutos públicos de la comunidad de Madrid están 6 décimas por debajo de los de la privada.
28.12.11
27.12.11
Estudios Artísticos
Nuevos parámetros para el programa didáctico de una facultad de Bellas artes
Con el cambio de plan esperábamos que hubiera una remodelación real de los estudios de Bellas Artes, que se actualizaran las materias y el enfoque (seguíamos con el plan de los 80), pero desgraciadamente parece que las cosas se están haciendo rápido, y por salir del paso nos quedamos con el mismo perro con distinto collar. Este es el nuevo plan que se está implantando en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla y éste era el plan antiguo. Podemos ver cómo las asignaturas son prácticamente las mismas, puede que los nombres hayan cambiado pero tengo la certeza de que las materias siguen siendo las mismas. Me sorprende la poquísima presencia que tiene el diseño, cuando en realidad en mi opinión lo que habría que hacer es crear otro grado sólo de diseño, como el que se ha creado de restauración, para atender a las demandas reales de los estudiantes, que a menudo realizan aquí los primeros cursos para acabar la especialidad de diseño fuera, por la falta de oferta de asignaturas de esa rama en nuestra facultad. Por otro lado vemos que se mantiene un curriculum cerrado con asignaturas obligatorias hasta tercer curso, entre las cuales podemos ver que prácticamente son: dibujo, pintura y escultura. No cuento más de tres asignaturas cuatrimestrales teóricas. Javi nos preguntaba, al proponernos esta entrada, si creíamos que los estudios de bellas artes deberían ser estudios universitarios. Así, desde luego, no. No existen apenas asignaturas en las que haya un ambiente de debate, de crítica y de reflexión teórica (hay algunas en las que sí, muy pocas, y hay que tener la suerte de dar con el profesor adecuado). La diferencia que encuentro entre entre nuestros estudios, y los de formación profesional es que nosotros estamos dos años más.
Sí creo que los estudios artísticos deben incluirse entre los estudios universitarios, es más, incluiría y normalizaría los estudios musicales, de arte dramático y de danza también. Esto puede tener sus pros y sus contras. Como pros, burocráticamente es más beneficioso, ya que se otorga a los egresados un título homologado y tan válido como los del resto de ramas de conocimiento y sitúa el arte como materia de estudios universitarios. Como contra, que al estar dentro del sistema universitario, la educación está sujeta a una serie de parámetros establecidos tales como evaluaciones, asignaturas, departamentos... que en el caso de los estudios artísticos pueden ser cuestionables.
En cualquier caso, el hecho de que los estudios artísticos se impartan como titulaciones universitarias no tiene por qué constituir un obstáculo para que se impartan estudios artísticos de otra índole y con otro enfoque, sino que aumenta la oferta, a la vez que los hace accesibles a todo el mundo mediante la universidad pública.
Mi propuesta para reformar el plan de estudios es muy similar a lo que ya se está haciendo en la mayoría de las universidades europeas. Cuatro cursos, un primer curso en el que el alumno tenga contacto con el mundo del arte con la mayor amplitud posible. Con asignaturas prácticas: Dibujo y pintura, Escultura e instalación, Fotografía y vídeo, Performance y Nuevos medios; y asignaturas teóricas: Historia del arte y teoría del arte. A partir de segundo, el alumno podría elegir entre un abanico de asignaturas para crear su propio curriculum. Se podrían proponer distintas ramas, pero que no fuesen cerradas, sólo de forma orientativa. También elegiría un tutor cada curso, que sería quien le guiaría de forma transversal en el desarrollo de su propio proyecto artístico, que se llevaría a la práctica mediante las diferentes asignaturas o talleres. Es importante también que el alumno disponga de un lugar de trabajo en la facultad. Esto puede parecer que está a años luz de la realidad, pero ya se está haciendo en muchas universidades europeas. El hecho de trabajar en la universidad, crear un ambiente de trabajo junto a los compañeros y los profesores es de lo más enriquecedor que podemos llevarnos de nuestro paso por la carrera. Otro tema por el que apuesta el nuevo modelo de los grados, pero que en nuestra facultad se está obviando es el trabajo en grupo. Las formas de creación y producción actuales en cualquier campo pasan por un trabajo colaborativo e interdisciplinar. Acabemos de una vez con el mito del artista solitario, encerrado en su estudio y celoso de todo.
En cuanto a las asignaturas y los profesores hay dos carencias principales que en mi opinión habría que suplir urgentemente: la teoría y la endogamia. Hace falta mucha más carga teórica, más reflexión, más historia. Y hace falta más ofertas de asignaturas, más variedad, salir de una vez por todas del dibujo, la escultura y la pintura (no digo abandonarlos, pero si enriquecerlos con otras posibilidades). Y para eso hace falta que el cuerpo de profesores sea también interdisciplinar. Para ofrecer asignaturas como: nuevos medios, videocreación, estética, dibujo técnico, diseño 3D, ilustración... hacen falta profesionales que provengan de esos campos (informática, comunicación audiovisual, filosofía, arquitectura, diseño industrial...).
En definitiva, una universidad que esté en relación con la sociedad, con los cambios y las necesidades de ésta, y con el mundo del arte contemporáneo. Una universidad en la que poder desarrollar nuestros propios proyectos, con la ayuda de profesionales. Sobre todo teniendo en cuenta que nuestra materia de estudio, el arte, como producto cultural, está en continuo cambio. A nadie se le ocurre pensar que en las facultades de ingeniería trabajen en base al modelo atómico de Thomson, ignorando todos los avances posteriores. ¿Por qué nosotros sí lo hacemos?
Sí creo que los estudios artísticos deben incluirse entre los estudios universitarios, es más, incluiría y normalizaría los estudios musicales, de arte dramático y de danza también. Esto puede tener sus pros y sus contras. Como pros, burocráticamente es más beneficioso, ya que se otorga a los egresados un título homologado y tan válido como los del resto de ramas de conocimiento y sitúa el arte como materia de estudios universitarios. Como contra, que al estar dentro del sistema universitario, la educación está sujeta a una serie de parámetros establecidos tales como evaluaciones, asignaturas, departamentos... que en el caso de los estudios artísticos pueden ser cuestionables.
En cualquier caso, el hecho de que los estudios artísticos se impartan como titulaciones universitarias no tiene por qué constituir un obstáculo para que se impartan estudios artísticos de otra índole y con otro enfoque, sino que aumenta la oferta, a la vez que los hace accesibles a todo el mundo mediante la universidad pública.
Mi propuesta para reformar el plan de estudios es muy similar a lo que ya se está haciendo en la mayoría de las universidades europeas. Cuatro cursos, un primer curso en el que el alumno tenga contacto con el mundo del arte con la mayor amplitud posible. Con asignaturas prácticas: Dibujo y pintura, Escultura e instalación, Fotografía y vídeo, Performance y Nuevos medios; y asignaturas teóricas: Historia del arte y teoría del arte. A partir de segundo, el alumno podría elegir entre un abanico de asignaturas para crear su propio curriculum. Se podrían proponer distintas ramas, pero que no fuesen cerradas, sólo de forma orientativa. También elegiría un tutor cada curso, que sería quien le guiaría de forma transversal en el desarrollo de su propio proyecto artístico, que se llevaría a la práctica mediante las diferentes asignaturas o talleres. Es importante también que el alumno disponga de un lugar de trabajo en la facultad. Esto puede parecer que está a años luz de la realidad, pero ya se está haciendo en muchas universidades europeas. El hecho de trabajar en la universidad, crear un ambiente de trabajo junto a los compañeros y los profesores es de lo más enriquecedor que podemos llevarnos de nuestro paso por la carrera. Otro tema por el que apuesta el nuevo modelo de los grados, pero que en nuestra facultad se está obviando es el trabajo en grupo. Las formas de creación y producción actuales en cualquier campo pasan por un trabajo colaborativo e interdisciplinar. Acabemos de una vez con el mito del artista solitario, encerrado en su estudio y celoso de todo.
En cuanto a las asignaturas y los profesores hay dos carencias principales que en mi opinión habría que suplir urgentemente: la teoría y la endogamia. Hace falta mucha más carga teórica, más reflexión, más historia. Y hace falta más ofertas de asignaturas, más variedad, salir de una vez por todas del dibujo, la escultura y la pintura (no digo abandonarlos, pero si enriquecerlos con otras posibilidades). Y para eso hace falta que el cuerpo de profesores sea también interdisciplinar. Para ofrecer asignaturas como: nuevos medios, videocreación, estética, dibujo técnico, diseño 3D, ilustración... hacen falta profesionales que provengan de esos campos (informática, comunicación audiovisual, filosofía, arquitectura, diseño industrial...).
En definitiva, una universidad que esté en relación con la sociedad, con los cambios y las necesidades de ésta, y con el mundo del arte contemporáneo. Una universidad en la que poder desarrollar nuestros propios proyectos, con la ayuda de profesionales. Sobre todo teniendo en cuenta que nuestra materia de estudio, el arte, como producto cultural, está en continuo cambio. A nadie se le ocurre pensar que en las facultades de ingeniería trabajen en base al modelo atómico de Thomson, ignorando todos los avances posteriores. ¿Por qué nosotros sí lo hacemos?
26.12.11
Las inteligencias múltiples y la creatividad
Howard Gardner y Ken Robinson. Un giro al enfoque educativo
Hace más de dos décadas, Howard Gardner revolucionó la psicología con su teoría de las inteligencias múltiples.
Este año ha recibido el premio Píncipe de Asturias a las Ciencias Sociales, y aprovechando la ocasión se grabó: De las inteligencias múltiples a la educación personalizada, un programa de Redes en el que Eduard Punset y Gardner conversaron acerca de las inteligencias múltiples, las nuevas tecnologías y el surgimiento de una manera nueva y personalizada de educar a los niños. En él hablan de que su trabajo "repercutió en la mejora del sistema educativo" pero esto es, en gran medida falso, ya que podemos ver cómo después de dos décadas desde que se reivindicara la validez y necesidad de los distintos tipos de inteligencia, en los modelos educativos actuales se siguen reconociendo y dando prioridad sólo a la inteligencia lingüística y lógico-matemática. Como ejemplo podemos ver las soluciones que hace un par de meses proponía Ana Mato, directora de campaña del PP en la entrevista de la radio nacional, cuando le preguntaron acerca de las reformas educativas: "que aprendan matemáticas y lengua para superar el fracaso escolar". En lugar de buscar el motivo de este fracaso nos limitamos a repetir los mismos errores.
Ken Robinson, otro experto a nivel mundial en materia de educación, habla también en Redes acerca de la creatividad, y de la necesidad de estimular los procesos creativos de los niños desde la escuela. Todos tenemos la capacidad de ser creativos, dice, es un proceso material en el que hay que adquirir destrezas y hábitos. Hay que manejar el medio, sugerir hipótesis y ser críticos. Se puede aprender a ser creativos como se puede aprender a leer.
En su libro El elemento explica que todos tenemos talentos, y podemos ser creativos, lo que tenemos que hacer es encontrar el campo en el que nos sintamos a gusto, aquéllo que nos interesa y que entendemos de forma natural, "nuestro elemento" como él lo llama. El segundo factor es la pasión. Ken Robinson reclama la necesidad de que existan entornos diversos en los que cada uno pueda encontrar el campo en el que desarrollar su creatividad, y este desarrollo debería iniciarse en la escuela. Si somos capaces de apreciar las habilidades y las inteligencias de los niños podremos guiarles dentro de su propio proceso de aprendizaje, estimulando así su interés y su creatividad. Cambiar el modelo educativo de un proceso de acumulación y repetición a un modelo a investigación y creación.
Este año ha recibido el premio Píncipe de Asturias a las Ciencias Sociales, y aprovechando la ocasión se grabó: De las inteligencias múltiples a la educación personalizada, un programa de Redes en el que Eduard Punset y Gardner conversaron acerca de las inteligencias múltiples, las nuevas tecnologías y el surgimiento de una manera nueva y personalizada de educar a los niños. En él hablan de que su trabajo "repercutió en la mejora del sistema educativo" pero esto es, en gran medida falso, ya que podemos ver cómo después de dos décadas desde que se reivindicara la validez y necesidad de los distintos tipos de inteligencia, en los modelos educativos actuales se siguen reconociendo y dando prioridad sólo a la inteligencia lingüística y lógico-matemática. Como ejemplo podemos ver las soluciones que hace un par de meses proponía Ana Mato, directora de campaña del PP en la entrevista de la radio nacional, cuando le preguntaron acerca de las reformas educativas: "que aprendan matemáticas y lengua para superar el fracaso escolar". En lugar de buscar el motivo de este fracaso nos limitamos a repetir los mismos errores.
Ken Robinson, otro experto a nivel mundial en materia de educación, habla también en Redes acerca de la creatividad, y de la necesidad de estimular los procesos creativos de los niños desde la escuela. Todos tenemos la capacidad de ser creativos, dice, es un proceso material en el que hay que adquirir destrezas y hábitos. Hay que manejar el medio, sugerir hipótesis y ser críticos. Se puede aprender a ser creativos como se puede aprender a leer.
En su libro El elemento explica que todos tenemos talentos, y podemos ser creativos, lo que tenemos que hacer es encontrar el campo en el que nos sintamos a gusto, aquéllo que nos interesa y que entendemos de forma natural, "nuestro elemento" como él lo llama. El segundo factor es la pasión. Ken Robinson reclama la necesidad de que existan entornos diversos en los que cada uno pueda encontrar el campo en el que desarrollar su creatividad, y este desarrollo debería iniciarse en la escuela. Si somos capaces de apreciar las habilidades y las inteligencias de los niños podremos guiarles dentro de su propio proceso de aprendizaje, estimulando así su interés y su creatividad. Cambiar el modelo educativo de un proceso de acumulación y repetición a un modelo a investigación y creación.
6.12.11
La Clase
Una inmersión en los conflictos en la educación publica
Ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes en 2007, Entre les murs (título original de la película, dirigida por Laurent Cantet) se introduce en la vida cotidiana de un instituto de un barrio conflictivo de París para analizar cómo se comporta el sistema educativo ante la nueva realidad social y multicultural.
Está rodada casi como un documental, con una cámara que se mueve, como si estuviera grabado a mano y con apenas dos tipos de planos: los que suceden dentro de la clase (en los que predominan los primero planos, directos, cercanos, para reforzar la expresividad de los personajes) y los planos del recreo, grabados desde lejos, como si se tratara de una cámara oculta. De esta forma el director parece querer hacernos partícipes directamente de la realidad, sin adulterarla, sin juicios de valor ni moralejas. “Nada que ver con las pomposas y relamidas ficciones de aulas violentas que tanto se prodigan en el cine USA esbozando solemnes lecturas universales de carácter sociológico” (20 minutos)
Está basada en el libro "Entre les murs" del profesor y escritor François Bégaudeau quien aparece en la cinta en el papel del profesor. Los alumnos tampoco son actores profesionales, sino que prácticamente se interpretan así mismos.
Tampoco hay música que edulcore o intensifique las situaciones, sino que podemos oír el continuo ruido de fondo; no hay actuaciones exageradas, ni un hilo argumental definido, con principio, nudo y desenlace.
Lo que se muestra en la película es el día a día de un curso académico, en el que François, el profesor de lengua, lucha por enseñar su materia a los alumnos. Es una batalla constante, acentuada por el fuerte carácter multicultural de la clase. Hay una situación general de extrañeza y desarraigo hacia la materia, hacia el profesor y hacia ellos mismos.
François intenta acercarse a los alumnos, manteniendo un equilibrio entre la confianza y la disciplina, aunque a menudo utiliza un lenguaje que les es totalmente ajeno. Hay un enfrentamiento continuo entre profesor y alumnos, ya que estos ven al primero como alguien opuesto a ellos, alguien totalmente fuera de su mundo.
De igual forma ven los contenidos que estudian, aislados, distintos a ellos y alejados de sus vidas (por ejemplo hay una escena en la que se quejan porque tienen que aprender el subjuntivo, y dicen que “ya nadie habla así”)
Hay que resaltar que en toda la película no hay ninguna presencia ni alusión a ningún tipo de enseñanza artística.
Tal y como está estructurada la enseñanza primaria y secundaria, nos dedicamos a acumular y memorizar datos durante años. Datos aislados, diferenciados por asignaturas y materias. Si estos datos no se relacionan entre si y se razonan para formar la base de un conocimiento sólido, terminan por olvidarse por desuso. Hace falta en mi opinión un tipo de aprendizaje más transversal y experimental, en el que el niño adquiera un interés por aprender. El simple hecho de memorizar datos por repetición para después volcarlos en un examen con el único fin de conseguir una buena calificación, es un proceso aislado, presente sólo en el mundo académico y que no es garantía de un futuro éxito, ya sea profesional o social.
Es necesario que el niño entienda que el aprendizaje no es una imposición externa ajena a él y casi un castigo, sino una parte muy importante de su vida con la que debe disfrutar. Para ello es necesaria una educación más transversal en la que, en lugar de estudiar contenidos aislados, se de más importancia a la relación entre ellos (y más si tenemos en cuenta la situación en la que vivimos, en la que, gracias a Internet, los datos están al alcance de todos) y al propio proceso de aprendizaje como construcción de un conocimiento general y autónomo. Es importante en este sentido restar importancia a las calificaciones, ya que hacen que el proceso de aprendizaje sea visto como un simple medio para un fin, en lugar de cómo fin en sí mismo. En este campo podrían desempeñar una importante función las enseñanzas artísticas, potenciando los intereses y las habilidades propias de los alumnos (como sucede en la película, cuando François anima a Souleyman a hacer su autorretrato mediante fotografía, en lugar de escribirlo).
Está rodada casi como un documental, con una cámara que se mueve, como si estuviera grabado a mano y con apenas dos tipos de planos: los que suceden dentro de la clase (en los que predominan los primero planos, directos, cercanos, para reforzar la expresividad de los personajes) y los planos del recreo, grabados desde lejos, como si se tratara de una cámara oculta. De esta forma el director parece querer hacernos partícipes directamente de la realidad, sin adulterarla, sin juicios de valor ni moralejas. “Nada que ver con las pomposas y relamidas ficciones de aulas violentas que tanto se prodigan en el cine USA esbozando solemnes lecturas universales de carácter sociológico” (20 minutos)
Está basada en el libro "Entre les murs" del profesor y escritor François Bégaudeau quien aparece en la cinta en el papel del profesor. Los alumnos tampoco son actores profesionales, sino que prácticamente se interpretan así mismos.
Tampoco hay música que edulcore o intensifique las situaciones, sino que podemos oír el continuo ruido de fondo; no hay actuaciones exageradas, ni un hilo argumental definido, con principio, nudo y desenlace.
Lo que se muestra en la película es el día a día de un curso académico, en el que François, el profesor de lengua, lucha por enseñar su materia a los alumnos. Es una batalla constante, acentuada por el fuerte carácter multicultural de la clase. Hay una situación general de extrañeza y desarraigo hacia la materia, hacia el profesor y hacia ellos mismos.
François intenta acercarse a los alumnos, manteniendo un equilibrio entre la confianza y la disciplina, aunque a menudo utiliza un lenguaje que les es totalmente ajeno. Hay un enfrentamiento continuo entre profesor y alumnos, ya que estos ven al primero como alguien opuesto a ellos, alguien totalmente fuera de su mundo.
De igual forma ven los contenidos que estudian, aislados, distintos a ellos y alejados de sus vidas (por ejemplo hay una escena en la que se quejan porque tienen que aprender el subjuntivo, y dicen que “ya nadie habla así”)
Hay que resaltar que en toda la película no hay ninguna presencia ni alusión a ningún tipo de enseñanza artística.
Tal y como está estructurada la enseñanza primaria y secundaria, nos dedicamos a acumular y memorizar datos durante años. Datos aislados, diferenciados por asignaturas y materias. Si estos datos no se relacionan entre si y se razonan para formar la base de un conocimiento sólido, terminan por olvidarse por desuso. Hace falta en mi opinión un tipo de aprendizaje más transversal y experimental, en el que el niño adquiera un interés por aprender. El simple hecho de memorizar datos por repetición para después volcarlos en un examen con el único fin de conseguir una buena calificación, es un proceso aislado, presente sólo en el mundo académico y que no es garantía de un futuro éxito, ya sea profesional o social.
Es necesario que el niño entienda que el aprendizaje no es una imposición externa ajena a él y casi un castigo, sino una parte muy importante de su vida con la que debe disfrutar. Para ello es necesaria una educación más transversal en la que, en lugar de estudiar contenidos aislados, se de más importancia a la relación entre ellos (y más si tenemos en cuenta la situación en la que vivimos, en la que, gracias a Internet, los datos están al alcance de todos) y al propio proceso de aprendizaje como construcción de un conocimiento general y autónomo. Es importante en este sentido restar importancia a las calificaciones, ya que hacen que el proceso de aprendizaje sea visto como un simple medio para un fin, en lugar de cómo fin en sí mismo. En este campo podrían desempeñar una importante función las enseñanzas artísticas, potenciando los intereses y las habilidades propias de los alumnos (como sucede en la película, cuando François anima a Souleyman a hacer su autorretrato mediante fotografía, en lugar de escribirlo).
5.12.11
¿Qué tienes debajo del sombrero?
Todo un mundo atrapado en el silencio
Durante 18 años, la escultora norteamericana Judith Scott (Columbus, 1943 – 2005) ha desarrollado esta serie de esculturas en las que va atando y acumulando todo tipo de objetos que encuentra o, incluso, sustrae, y los envuelve con telas, lanas, y cualquier material que pueda romper y convertir en tiras. De forma obsesiva va atando, anudando y envolviendo todo este mundo de objetos hasta que quedan ocultos, escondidos, dejándose entrever algunas partes o adivinándose solo por su silueta. El resultado son unas obras emocionantes y totalmente conmovedoras. Unas piezas orgánicas, vivas, intensas pero también delicadas, de una intimidad y una calidez que derivan necesariamente de su proceso creativo. Su obra es, sin duda, reflejo de su carácter. Sensible e inquieta en su interior, a la vez que silenciosa y aislada del mundo debido a que es sordomuda y tiene Síndrome de Down.
La película ¿Qué tienes debajo del sombrero? (2006, dirigida por Lola Barrera e Iñaqui Peñafiel y producida por Julio Medem) nos acerca a la vida y la obra de esta peculiar artista.
Después de 36 años separada de su familia, internada en centros para discapacitados mentales (en los que ni siquiera habían diagnosticado que era sordomuda, por lo que no aprendió le lenguaje de signos, ni a leer y escribir), en 1986, su hermana gemela Joyce consiguió su custodia y volvieron a reencontrarse. Desde entonces acude a Creative Growth, un centro artístico para personas con discapacidades mentales. Allí estuvo varios años haciendo garabatos de forma compulsiva hasta que en 1987 una de las artistas que colabora con el centro le ofreció unas madejas y unos palos de madera. A partir de entonces Judith empezó a tejer su propio mundo de objetos, y a crear su propio lenguaje creativo, encontrado así una forma de expresarse y de exteriorizar sus impulsos.
Igual que Judith, muchos otros artistas del centro han encontrado en el arte una forma de relacionarse con su entorno y una actividad para su propio desarrollo.
Normalmente se suele designar a esos artistas como artistas outsiders, entendiendo que no están influenciados por el mundo o el mercado del arte (aún cuando la obra de Judith la podemos encontrar en colecciones como la del Museo de Arte Moderno de San Francisco, la Collección L’Art Brut, en Suiza… y en 2006 fue expuesta en una colectiva en la Gladstone Gallery, Nueva York).
Las diferencias entre el arte outsider y el arte convencional son un tanto ambiguas. Se entiende por artista outsider “aquel que desarrolla su labor creativa sin contacto alguno con las instituciones artísticas establecidas, respondiendo a una fuerte motivación intrínseca y haciendo uso frecuentemente de materiales y técnicas inéditos”. Dado el momento de mestizaje, posibilidades y “todo vale” artístico en el que nos encontramos, esta definición empieza a carecer de sentido. Sin duda cualquiera de estas obras podría pasar desapercibida en cualquier galería o museo de arte contemporáneo, sin que hubiera ningún indicio de ese supuesto carácter “outsider”. Además si entendemos el arte como una manifestación cultural, estará siempre, en mayor o menor medida, influenciada por nuestro entorno, como cualquier otra actividad humana.
Tal vez estos artistas no tengan conciencia de que estén creando arte (o tal vez sí), pero esto no hace que deje de serlo; por el contrario, lo hace más real. El hecho de que su proceso creativo no tenga un fin artístico, sino que sea un fin en sí mismo, una forma de volcar sus inquietudes, de relacionarse con el exterior e interactuar con el mundo, lo hace, desde mi punto de vista, más valioso en sí mismo que las propias obras. El arte como experiencia. De hecho me pregunto hasta qué punto es positivo o negativo considerar estos objetos o experiencias como artísticos. Tal vez sea frivolizarlos, incluirlos en un mundo de especulación, de firmas (en el documental podemos ver como los “curadores” o comisarios de arte acuden al centro para ver y seleccionar las obras y los artistas que quieren exponer y muestran un especial interés en que firmen sus obras), de marcas, de personajes…el propio “artista” que sale al final del video en una exposición del Creative Growth se ve abrumado por la contundencia y la sinceridad radical que albergan las obras allí expuestas.
Enlaces:
Entrevista a Lola Barrera.
Debajo del sombrero. Centro de arte y desarrollo de procesos creativos.
La película ¿Qué tienes debajo del sombrero? (2006, dirigida por Lola Barrera e Iñaqui Peñafiel y producida por Julio Medem) nos acerca a la vida y la obra de esta peculiar artista.
Después de 36 años separada de su familia, internada en centros para discapacitados mentales (en los que ni siquiera habían diagnosticado que era sordomuda, por lo que no aprendió le lenguaje de signos, ni a leer y escribir), en 1986, su hermana gemela Joyce consiguió su custodia y volvieron a reencontrarse. Desde entonces acude a Creative Growth, un centro artístico para personas con discapacidades mentales. Allí estuvo varios años haciendo garabatos de forma compulsiva hasta que en 1987 una de las artistas que colabora con el centro le ofreció unas madejas y unos palos de madera. A partir de entonces Judith empezó a tejer su propio mundo de objetos, y a crear su propio lenguaje creativo, encontrado así una forma de expresarse y de exteriorizar sus impulsos.
Igual que Judith, muchos otros artistas del centro han encontrado en el arte una forma de relacionarse con su entorno y una actividad para su propio desarrollo.
Carl Hendrickson |
| Dan Miller |
Normalmente se suele designar a esos artistas como artistas outsiders, entendiendo que no están influenciados por el mundo o el mercado del arte (aún cuando la obra de Judith la podemos encontrar en colecciones como la del Museo de Arte Moderno de San Francisco, la Collección L’Art Brut, en Suiza… y en 2006 fue expuesta en una colectiva en la Gladstone Gallery, Nueva York).
Las diferencias entre el arte outsider y el arte convencional son un tanto ambiguas. Se entiende por artista outsider “aquel que desarrolla su labor creativa sin contacto alguno con las instituciones artísticas establecidas, respondiendo a una fuerte motivación intrínseca y haciendo uso frecuentemente de materiales y técnicas inéditos”. Dado el momento de mestizaje, posibilidades y “todo vale” artístico en el que nos encontramos, esta definición empieza a carecer de sentido. Sin duda cualquiera de estas obras podría pasar desapercibida en cualquier galería o museo de arte contemporáneo, sin que hubiera ningún indicio de ese supuesto carácter “outsider”. Además si entendemos el arte como una manifestación cultural, estará siempre, en mayor o menor medida, influenciada por nuestro entorno, como cualquier otra actividad humana.
Tal vez estos artistas no tengan conciencia de que estén creando arte (o tal vez sí), pero esto no hace que deje de serlo; por el contrario, lo hace más real. El hecho de que su proceso creativo no tenga un fin artístico, sino que sea un fin en sí mismo, una forma de volcar sus inquietudes, de relacionarse con el exterior e interactuar con el mundo, lo hace, desde mi punto de vista, más valioso en sí mismo que las propias obras. El arte como experiencia. De hecho me pregunto hasta qué punto es positivo o negativo considerar estos objetos o experiencias como artísticos. Tal vez sea frivolizarlos, incluirlos en un mundo de especulación, de firmas (en el documental podemos ver como los “curadores” o comisarios de arte acuden al centro para ver y seleccionar las obras y los artistas que quieren exponer y muestran un especial interés en que firmen sus obras), de marcas, de personajes…el propio “artista” que sale al final del video en una exposición del Creative Growth se ve abrumado por la contundencia y la sinceridad radical que albergan las obras allí expuestas.
Enlaces:
Entrevista a Lola Barrera.
Debajo del sombrero. Centro de arte y desarrollo de procesos creativos.
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